Una vez más, el Periódico de Aragón hace gala de su profesionalidad.
Lunes 6 de abril, 21 horas. Lunes Santo en Zaragoza. En el interior de la parroquia de San Gil abad comienza el via crucis penitencial de la Cofradía de las Siete Palabras, que debería hacerse en procesión por las calles zaragozanas hasta la iglesia de Santa Isabel de Portugal. La lluvia hace imposible procesionar, así que comienzan los rezos dentro del templo, hasta que parece que las nubes dan una tregua y se anuncia la salida. Finalmente, una vez la peana está en la calle, el agua vuelve a descargar con más fuerza si cabe, pero las 7 Palabras no vuelven atrás. Decisión más o menos discutible, pero siguen hasta San Cayetano. Con la calle Alfonso convertida en un afluente del Ebro, con las secciones infantiles corriendo por la calle Santa Isabel para refugiarse en la iglesia, con todos los hermanos mojados hasta las bragas. Pero siguen. Y así lo recoge al día siguiente el Periódico de Aragón.
Menos mal que los cofrades de esta ciudad ya estamos acostumbrados a la incompetencia en materia semanasantera de los medios de comunicación locales, y durante esta semana sólo compramos los periódicos para ver en qué han metido la pata esta vez. Para ver a qué cofradía le han asignado procesión un día que no es, o a qué fotografía de un paso le ponen el pie de foto de otro. El día a día de nuestra prensa, en definitiva. Para que luego te hablen de documentación, profesionalidad, competencia, implicación…
La verdad es que de vez en cuando estos temas sale a la luz. Pero ya se sabe que si en los medios no se repitieran cíclicamente las discusiones, la profesión tendría poco futuro… Y aun así no sé hasta qué punto en la actualidad nuestro futuro es alentador. Pero eso ya está hablado. Lo de hablar de la Iglesia venía a cuento de que últimamente, a mí personalmente, me aparece hasta en la sopa. Si ya tenía bastante, como el resto de los mortales, con escuchar las insensateces de la jerarquía católica sobre los preservativos (olé por él y su método científico), y las madres católicas (las intransigentes, porque hay un montón de progenitoras creyentes que no se meten en estos berenjenales) despotricando contra el aborto, ahora encima me aparece la moral de la Iglesia hasta en los libros. Es lo que tiene tener ahora mismo sobre la mesilla (y en el maletero del coche, encima de la carpeta de clase, en la mesa de la comida… Pegado a mí, vamos) El Nombre de la Rosa. Esa, dicen, obra cumbre de Humberto Eco. Las críticas literarias me las dejo para otro día, porque éste no es mi libro de referencia precisamente, pero hay que reconocer que tiene fragmentos para enmarcar. Especialmente los que pone en evidencia la doctrina católica. Mejor dicho, la doctrina de la jerarquía católica, que no es lo mismo, ni mucho menos.
Uno de los momentos de esta historia que más me ha hecho reflexionar es el pasaje en el que Adso va a preguntar al padre Ubertino por los herejes y las distintas congregaciones del catolicismo, en ocasiones aceptadas por la Iglesia, y en ocasiones no. El pobre novicio lleva un cacao mental que no distingue pecadores y hermanos, así que Ubertino se lo explica todo claramente. Tan claramente que no le aclara nada. Lo que para él o es blanco o es negro, para el pobre Adso tiene tantos grises como hermanos en su congregación. En definitiva, pese a los cinco siglos que han pasado desde la ambientación de esta historia, las cosas no han cambiado tanto en el pensamiento de la jerarquía eclesiástica. Ni los avances científicos, ni los cambios de mentalidad, ni el desarrollo de la sociedad… El aborto en una chica joven sigue siendo un asesinato, el uso del preservativo expande el cáncer y la risa es un pecado. Que Dios nos pille confesados.
Presiento que esta no será la última vez que la actualidad me lleve hasta El Nombre de la Rosa.
El Bubisher no es una biblioteca volante. Es un proyecto puesto en marcha por voluntarios, y soportado por voluntarios, que envía al Sáhara educación para niños mediante la lectura. Hasta los rincones más recónditos del desierto lleva colecciones de libros con los que enseñar a los niños. No ejemplares sueltos, sino varios libros de mismo título con los que impartir “clases” de español.
Ningún organismo oficial financia este autobús, son los voluntarios quienes acuden (según las posibilidades de cada uno) a colaborar con su apoyo y todo lo que puedan aportar.
Es una buena forma de irse de “vacaciones”. Los voluntarios corren con los cargos de su propio viaje (siempre aconsejados por los encargados del Bubisher), y a cambio reciben una de las experiencias, según quienes ya la han vivido, más bonitas de su vida. “Aporta más al que va que al que está allí”.
El asesinato sin ningún móvil aparente de una familia cualquiera, en un pueblecito cualquiera, una noche cualquiera, fue la noticia que dio pie a la obra A sangre fría (1965). Una historia real impactante, una investigación minuciosa y una gran capacidad para relatar, es la receta de esta novela-reportaje. La obra cumbre en esta mezcla de géneros, puesto que supuso la perfecta unión de la investigación del reportaje (entrevistas, documentación, visitas los lugares de los hechos…) con la oratoria de la novela (amplias descripciones, circunloquios, lenguaje poético…).
Si bien el tema de los asesinatos es bastante recurrente en novelas de intriga, saber que todo el argumento de ésta ocurrió en realidad la hace todavía más atrayente. Las profundas descripciones de todos los personajes (la familia asesinada, los asesinos, los vecinos, los policías…) y de todos los escenarios por los que transcurre la historia, provocan en el lector la sensación de estar viendo una película en lugar de leyendo un libro. También incluye extensos diálogos, documentos, cartas, recortes de prensa, que intensifican esa sensación. Pero no se trata de una novela policíaca cualquiera. La implicación del autor, Truman Capote, le llevó también al bando de los asesinos, y a alternar ambas perspectivas, la de la investigación policial y la de la vida de los delincuentes. 
Es precisamente esta penetración en el pasado de los asesinos lo que podría considerarse una crítica a la sociedad: dos muchachos, uno que no pudo estudiar por falta de medios económicos, a pesar de ser brillante en la escuela; otro con una infancia difícil y padres separados. Se conocen en la cárcel y preparan un asesinato que, aunque al principio no tienen intención de culminar, se les “escapa de las manos” y termina en una gran matanza. También es una crítica el propio título de la obra: A sangre fría. A sangre fría muere la familia asesinada, y a sangre fría son ajusticiados los asesinos mediante la horca. Por tanto, la obra también puede considerarse una crítica a la pena de muerte: si los asesinos no tenían derecho a matar a sangre fría a una familia inocente, ¿un tribunal tiene derecho a ajusticiar a un par de asesinos por ese delito? ¿Es justo el “ojo por ojo”?
Se cumple la imparcialidad hasta tal punto que la novela incorpora documentos o declaraciones que en el juicio real no se llevaron a cabo porque el tribunal no las consideró necesarias, pero que sí lo son para comprender totalmente la actitud de los asesinos.
Lo que en principio comenzó como una investigación por curiosidad para Capote, se fue convirtiendo sucesivamente en una historia por fascículos y, más tarde, en una novela de un tomo con carga crítica a la sociedad, que te mantiene enganchado hasta el final. Una novela que fue llevada al cine bajo el mismo nombre en 1967, y que inspiró la obra cinematográfca Truman Capote (2005).
Las oportunidades de ocio en Zaragoza son innumerables y, pese a que muchas veces no nos enteremos porque no obtienen la repercusión de los grandes eventos, tienen muchísima calidad. ¡Y gratis! Una de ellas son Los Teloneros, un grupo creado en la capital maña, aunque sus integrantes vienen de todas las partes del globo. Jose “el Niño”, voz del grupo, Diego Peña con el cajón (y lo que surja), y Paul den Holder y Nico Cassinelli, ambos con guitarra, son algo más que música y humor.
Hablando de versiones cómicas de canciones conocidas, quien nunca los ha visto actuar puede pensar en Los Gandules. Nada más lejos de la realidad. Otro estilo, otra puesta en escena, otro humor. Los Teloneros versionan canciones de cualquier tipo de música, de cualquier banda o cantante, dándole un toque propio que hace saltar las lágrimas. Su escenificación además les da puntos: pelucas, instrumentos musicales ridículs, su propia forma de ser… Todo en marcha para no parar de reír.
También componen sus propias canciones. Sobre temas del día a día (o de su día a día), esta cuadrilla de locos son capaces de cantar sobre cualquier cosa. La viagra, la ruptura de una pareja, la axila de una mujer (¡y esta es una canción de amor!)… a todo le sacan jugo hasta límites insospechados.
Pero el espectáculo no consiste sólo en su música. Entre actuación y actuación se dirigen al público, presentan sus canciones, hacen monólogos, y crean una atmósfera de diversión que pocos shows logran. Risas de principio a fin.
Más concretamente, el tándem Jose “el Niño”-Diego Peña tiene un feeling especial. Ese carácter un tanto “bunburyzado” de Jose “el Niño” y el estilo propio de Diego Peña, que te hace reír sólo con mirarlo, son la fórmula perfecta. Es parte de la actuación, pero también parte de ellos mismos: se solapan y se complementan el uno al otro en las cantidades exactas. Aunque no por ello hay que olvidar a Paul den Holder y Nico Cassinelli, que terminan de equilibrar este cuarteto de desequilibrados.
Quien quiera un humor inteligente y fresco, puede buscar a los teloneros en youtube. Advertencia: ganan muchísimo en directo. Todos los miércoles a las 21.30 en la Sala Morrissey (Gran Vía 33). Entrada libre.
En los últimos tiempos, entre caídas en bolsa y descensos de lectores pasan los días de la prensa española. La crisis económica afecta a todos, desde el banquero al obrero, y por supuesto quienes más la sufren son los de más abajo. En esta ocasión, los periodistas. Los expedientes de regulación de empleo, los temidos EREs, están a la orden del día en todas las redacciones, incluidas las de los diarios más fuertes.
Podría comenzar a escribir sobre la crisis, sobre razones y consecuencias que no entiendo. O sobre vidas personales, el derecho al trabajo, la protesta contra que siempre pagan los mismos… Pero no voy a hacerlo. Me limitaré a enseñaros algo. Este vídeo muestra el dolor de perder una parte de tu existencia. No sólo tu trabajo, sino una filosofía de vida. No sólo el periódico que la gente lee por las mañanas (desde el alcalde hasta la abuelita del café) sino una tradición que se remonta a hace casi 150 años. Este fue el último trabajo profesional de los periodistas del Rocky Mountain News.
Tierra Firme corresponde al primer tomo de una trilogía de aventuras ambientada en Nuevo Mundo durante en los siglos XVI y XVII. Con él, Matilde Asensi comienza “La vida extraordinaria de Martín Ojo de Plata” (así se llama la trilogía), un conocido pirata español que surcará las aguas del Caribe. Pero hasta entonces, todavía en esta primera entrega, su vida será muy diferente.
La exhaustiva documentación de la autora antes de elaborar esta obra queda fuera de toda duda. Numerosas anotaciones a pie de página, fechas, justificaciones o la utilización de un lenguaje a caballo entre el de la época y el actual remiten a unas circunstancias históricas muy específicas, y mantienen al lector impregnado de ese ambiente. A su vez, elimina los tópicos en los que caen las novelas de aventuras ambientadas en el Caribe: los españoles que llegaron a América y arrasaron (la realidad supera a la ficción), los piratas de tesoros y ron… Tierra Firme sirve como libro de historia.
Por otra parte, la obra tiene una buena trama, una historia que engancha al lector. Más allá de la mujer que se hace pasar por hombre en un mundo viril (¿cuántas novelas tienen ese centro de atención?), tiene otros factores que atraen. Así aparece un problema de imposible solución, y la terquedad de una hija (adoptiva) por solucionarlo. Quizá es precisamente el hecho de solucionar un problema imposible de solucionar lo que hace que, una vez terminada la obra, el lector se quede con la sensación de que se ha leído un cuento. Sólo falta el “y fueron felices y comieron perdices”.
Continuando con las sensaciones, si de algo peca Tierra Firme es de superficialidad. Dice Matilde Asensi en una entrevista en su página web: ‘Busco contar al lector historias buenas, bien documentadas’. Y lo consigue, pero todo ese trabajo de documentación previo queda empañado por la falta de profundidad de su obra. Da la sensación de ser un resumen, no se adentra en los personajes, apenas recrea diálogos… Se queda anclada en la Historia sin profundizar en la historia. Relata muchos acontecimientos, al fin y al cabo es una novela de aventuras, pero no profundiza en ninguno de ellos. Se olvida de cumplir, en definitiva, todo aquello que logró con su obra cumbre, la que la convirtió en la autora española más vendida: El último catón
No obstante, no se debe olvidar que Tierra Firme es el primer tomo de una trilogía, poco más que una presentación, así que quizá la profundidad, la verdadera historia de aventuras, la obra cumbre, llegue en el segundo tomo. Si es como aperitivo a una gran obra, Tierra Firme no está mal.
El Centro de Historia de Zaragoza acoge hasta el 29 de marzo la exposición Sarajevo. El último asedio. 1992-2008. El fotógrafo Gervasio Sánchez, colaborador de Heraldo de Aragón, La Vanguardia, La Cadena SER y la BBC, muestra una panorámica comparativa entre el Sarajevo de la guerra de los Balcanes y el de la actualidad.
Dos salas estructuran la obra. En la primera, imágenes de la localidad. Derruida y reconstruida, durante y después, dolor y resentimiento. No exhibe una ciudad en paz, muestra una ciudad que se repone pero no olvida.
La segunda sala da paso a lo personal. Historias reales con nombres y
apellidos, personas que llevan en su mirada todavía marcada la huella de la guerra. Una guerra que sufrieron sin buscarla. Historias como la de Edo Osivcic. Un chaval de 23 años que espera su tercer hijo con su mujer, de 21, pero que a los 6 sufrió los ataques en su propia piel. En El Último Asedio hay historias de renacimientos, pero también de vidas perdidas y mutiladas.
Merece la pena pasarse por el Centro de Historia (Plaza de San Agustín, 2), aunque sólo sea para no olvidar. Hasta el 29 de marzo.
Aquí estamos. Veremos hasta dónde llegamos.
